El ejemplo ciudadano del perro maracaibero

Destacado Editorial

Cómo celebramos la cristalización in situ, del paso peatonal de nuestros tormentos. Ese paso de ranas en el que se había convertido la avenida Delicias, a la altura del Gran Bazar, frente a su gemelo chic: el Centro Comercial Cima, pareciera estar cumpliendo el designio popular donde el lamento pregona que el remedio, ha sido peor que la enfermedad.

Es como si un demoníaco ser, le hubiera alterado el gen del «pa´mis bolsas escrotales» a quienes irrespetuosos, violan la norma y la ley ciudadana, en un acto de malcriadez urbana, sin modelo alguno en la cartilla de las buenas costumbres.

Aquellos y aquellas quienes gritones o alza´os, ofenden a la autoridad y a los ciudadanos mismos que con justicia reclaman la disociada conducta, son los mismos que botan basura y escombros en las calles de una ciudad que puja por su recuperación; son los mismos que en el paroxismo de la borrachera, le suben el volumen a sus equipos de sonidos, alterando a todo un barrio en las tardes de domingo; son los mismos que ven a un perro pero con ganas de caerle a palos, cruzando el paso peatonal, mientras ellos prefieren saltarse la barda de seguridad.

Recibido como un acierto de la Alcaldía de Maracaibo para la infraestructura vial de la ciudad, la obra no solo moderniza el entorno comercial, sino que responde a una necesidad histórica: ordenar el flujo peatonal y vehicular en una de las zonas más concurridas del centro.

Una persona murió al día siguiente de la inaguración del novedoso paso peatonal. Lamentable cobro de la incociencia casi generalizada. Alarma y preocupa ver cómo, teniendo un paso seguro a disposición, todavía hay personas que insisten en desobedecer las normas, cruzando por donde no es permitido, sorteando los vehículos en plena vía pública, socializando el suicidio como una manía.

La ciudad requería el paso para el beneficio de los suyos y Di Marftino la materializó por lógica urbana, transformando el entorno citadino con soluciones tangibles.

Hacer realidad un proyecto de esta envergadura, no solo dignifica los espacios públicos de nuestra ciudad, sino que evidencia una voluntad política, decidida a elevar la calidad de vida de los marabinos, aunque sólo el llamado lo atiendan, por ahora, los perros maracaiberos.

Foto Abrir: Nelson Sánchez