Mambrú no se fue a la guerra porque está en Maracaibo haciendo teatro

Cultura

Hace 53 años Mambrú dejó el fusil para arraigarse con su arte en la ciudad puerto y desde esos días, Maracaibo se completó con la obra de vida del maestro Romer Urdaneta.

En efecto, el panorama cultural de Maracaibo está de fiesta. Uno de los proyectos más revolucionarios, íntimos y coherentes de la escena escénica nacional cumple más de medio siglo de resistencia y creación.

Inspirado originalmente en el nombre universal de aquel personaje de la tradicional tonada que «se fue a la guerra y no volvió», el maestro Romer Urdaneta le dio un vuelco absoluto a la metáfora hace ya 53 años, convirtiéndola en «sacáfora» particular para la ciudad.

En sus propias manos, Mambrú regresó a Maracaibo, no para la batalla, sino para forjar una paz eterna en el espíritu de la ciudad y convertirse en un espacio de vanguardia para la toma de conciencia.

Medio siglo de «Germinancia del Ser»

A lo largo de los años, el proyecto Mambrú ondea la bandera de la inventiva local, a través de una propuesta que desafía los manuales convencionales del teatro.

Para Urdaneta, nacido en mayo de 1956 bajo el destello de los relámpagos de esta tierra, Mambrú ha sido la plataforma idónea para impulsar lo que él denomina «la germinancia del ser»: un espacio donde los actores se despojan de la rigidez del texto externo para convertirse ellos mismos en el libreto principal.

Este aniversario no solo celebra los aplausos acumulados, sino la permanencia de un teatro que es íntimo, breve, patriótico y netamente venezolano.

Desde la trinchera de Mambrú, el maestro ha sabido sembrar identidad, recordándonos con su característico arraigo que para conmover al mundo entero basta con mirarse con honestidad en el propio espejo: «Yo del charco no he pasado, pero sé que pertenezco al charco».

Hoy, al cumplir 53 años de indagaciones escénicas, Mambrú sigue siendo esa «ancla» indispensable para que el público zuliano se reconozca, se identifique y pueda decir con orgullo que pertenece a un bravo pueblo.

¡Larga vida a Mambrú y al legado de Romer Urdaneta!