La memoria de los pueblos no se vende, se siembra. Y en el estado Lara, la semilla más fértil de nuestra imaginación campesina tiene nombre y apellido: José Alberto Castillo, el inmortal Caimán de Sanare.
Hoy, la trinchera de la palabra nos exige romper el silencio ante quienes intentan secuestrar su legado. Para entender esta
batalla, hay que retroceder en el tiempo y hablar de un personaje que se hizo eco cuando otros callaban: El Subkuentero.

El Subcomandante de la Palabra
El nombre de «El Subkuentero» no fue un capricho artístico, fue una declaración de principios. Inspirado en el Subcomandante Marcos del EZLN -quien afirmaba ser el «sub» porque el verdadero comandante era el pueblo—, este narrador asumió que
el verdadero y único comandante de la cuentería popular era El Caimán de Sanare.

Bajo esa convicción, El Subkuentero echó a andar. Llevó las historias del campo larense dentro y fuera del territorio venezolano. En los tiempos donde los circuitos oficiales ignoraban al viejo Alberto, El Subkuentero lo nombraba en cada plaza, documentando su voz en audios que hoy sobreviven en internet como testamento de su sabiduría.
De «Habladuría» a la «Voz de Chimiro»: La Política de la Semilla
El trabajo no fue solo contar; fue organizar. El Subkuentero fue pieza clave en la fundación del primer encuentro de narración «Habladuría», que llevó a grandes maestros de la cuentería a pisar la tierra sagrada de Sanare. Ese primer esfuerzo fue el germen de algo mucho más profundo y radical: el encuentro «La Voz de Chimiro», en honor al comandante guerrillero Argimiro Gabaldón. Este espacio rompió con la idea de que contar cuentos era mero entretenimiento. Se transformó en un acto político, un movimiento de cuentos agrodescendientes.

La fuerza de esta idea originaria se sumó con encuentros populares y rebeldes que se hacían con la cuenteria en Valencia, Yaracuy y Zulia, consolidando el movimiento Palabra Semilla. Aquí se plantó bandera: lo nuestro es la Oralitura, el arte vivo de la tierra, en contraposición a la «Literatura Oral», ese término eurocéntrico diseñado para domesticar la fiereza de nuestra tradición y hacerla digerible para la academia.
El Exilio en 2016
Sin embargo, las luchas culturales suelen ser desiguales. En el año 2016, El Subkuentero tomó la dura decisión de «entererrarse». Fue un exilio voluntario nacido de la frustración profunda al ver cómo sectores apolíticos, contrarrevolucionarios y profundamente eurocéntricos comenzaban a apropiarse del nombre y las historias del Caimán, justo cuando el viejo ya no estaba para defenderse, se intentó dar la lucha pero los like, las fotos y todos los elementos del mercado puesto a sacar al Subkuentero del centro de la nueva cuenteria neutral y pulcra.
Estos grupos, que jamás lo apoyaron en sus momentos más álgidos, de pronto vieron en su legado una mina de oro. El Subkuentero, quien había sido pieza clave en la fundación de los primeros movimientos de cuentería popular, se encontró de
frente contra una maquinaria que quería convertir la identidad del cuento sanareño en un producto de vitrina.
El Mercadeo del Legado y la Mentira Institucional
Hoy, esos practicantes del «storytelling» —porque así es como prefieren llamarse quienes mercantilizan la historia— se agrupan en lo que pretenden vender como una red oficial. Pero no son más que una «red rota», malandros de identidad que intentan blanquearnos y robarnos el legado de un Caimán que siempre fue, es y será popular y agrodescendiente.
Están desesperados, reuniéndose con ministros y autoridades en nombre del Caimán, el mismo viejo al que ignoraron en vida. Hoy viajan a los campos para manipular a la gente agrodescendiente que sí conoció y cuidó a José Alberto, solo para tomarse la foto de rigor, fingiendo honrarlo.
Su hipocresía es tal que ignoraron la última gran voluntad del maestro. Cuando el Caimán pidió que el día de su partida fuera decretado y celebrado por el pueblo como el Día de la Imaginación Sanareña, estas élites miraron hacia otro lado. No
entendieron, ni entenderán jamás, el peso de sus palabras cuando profetizó:
«Cuando uno muere, uno vuelve a nacer en otra naciente».
Un Nuevo Nacimiento
Esa red eurocéntrica podrá engañar a algunos y organizar eventos vacíos, pero no podrán detener el ciclo de la tierra. Desde esta nueva trinchera, denunciamos el secuestro de la memoria y anunciamos que la Palabra Semilla y la Oralitura están germinando de nuevo con más fuerza.
El Caimán de Sanare fue, es y será popular, campesino y agrodescendiente. La historia no termina aquí; apenas está cambiando de piel. Hay mucho más por decir, así que no aparten la mirada: prepárense para el nacimiento de El Tuteque de Pavía.
Por Dr. Elías González Mendoza
Foto Principal: El Caimán de Sanare del artista Warapo Zimple
