Las paredes, esquinas, bahareques, llevan impresa su huella digital, no porque las haya tocado y si por haberlas mirado como el sol vigila el discurrir de las sombras en el Obelisco de Maracaibo.
Y la sombra moviéndose en el discurrir del día y Francisco lanzando pinceladas de Chinita tropical y Caribeña, que bendice a cuánto posa su mirada sobre ella y bendice al pintor que en honra, la plasmó con ese carácter zuliero del poeta del color chiquinquireño.
Francisco Vásquez sigue pintando a su Virgen, a su Maracaibo y a su Zulia querido, porque él mismo es como relicario multicolor de la Virgen de Chiquinquirá.
Juan Carlos Guillén
Foto: Nelson Sánchez
