Mac Luhan se quedó corto con el tema de los medios de comunicación globalizados, su influencia en las masas y la adopción del método que nació como una necesidad, luego volvieron carrera universitaria y que regresó a las calles en una especie de buhonerismo comunicacional, gracias a tanto loco suelto.
Últimamente la tendencia se viene en cascada, todos son comunicadores sociales y nadie es periodista. Comunicadores Sociales por lo conveniente que les resulta, el nunca haber leído un libro, mucho menos escrito dos cuartillas con aquellas 25 líneas cada una, que tanto dolor de cabezas les causaba a los aspirantes a ser publicistas, porque lo de ellos nunca fue escribir y si embaucar a clientes con obsolescencias planificadas (vaya usted a saber cuántas hojillas necesita una prestobarba ahora), porque para el que sería periodista de verdad, verdad, sabía que los puntos y las comas, estaban en el parte diario de su vida, desde el entrenamiento universitario, pasando por la entrega del apetecido título profesional, hasta la eternidad.
Hoy, profesionales de otras ramas, incursionan en el oficio, y hasta se quejan del porqué una cosa es así, y asá no, y dictan cátedra de cómo es que se deben decir las cosas, porque ya los periodistas o no existen, o no sirven, o son material de museo.
Todos son ahora influencers, webmaster e hijos dilectos de la Inteligencia Artificial y dejan el título de periodista para el día del cumple gremial, con ansias de ponerle a la cosa en vez del Día del Periodista, el día de los ve pantallas uníos.
Como quieran que ocurran las cosas, el periodismo sigue vigente, pese a quienes, con mucho atrevimiento, se abrogan sapiencia, sobre un oficio tan antiguo como la medicina.
El doble terremoto que asoló a Venezuela -triple, porque en la víspera hubo otro movimiento telúrico-, no da para celebraciones y si para las reflexiones. No es periodismo, cuando queriendo jugar adelantando, se sueltan cifras probables, pero no verdaderas de muertes y desapariciones; no es periodismo cuando le introduces el micrófono a una persona, preguntándole si bajo esos escombros tiene a su gente atrapada; porque simplemente eso es sadismo comunicacional y protagónico.
No es periodismo, cuando en primera persona se coloca, el ahora influenciador de pacotilla y no los hechos que ocurren a tu alrededor. No; el periodismo es ahora la ventana necesaria, diría que la única, para ofrecer al público receptor del mensaje, las distintas verdades que sobre los acontecimientos surgen.
Y no es que ahora haya multiples aristas de eso que llamamos verdad, y antes no; siempre las ha habido, sólo que, en estos tiempos modernos, al decir de Chaplin, están más expuestas.
No es lo mismo ver las piedras que van, a las piedras que vienen, menos para quienes las ven pasar y es allí donde este hermoso oficio que por décadas ha alimentado nuestras almas, se erige utilitario y al servicio de todos.
El periodismo es hoy la unica ventana posible a la posverdad y no para distorsionarla, pues frente a la ética personalizada de quienes se dicen comunicadores populares, megasociales, influenciadores sin oficio, abogados, psicólogos, médicos, masajeadores y odontólogos con minutos de cámara en sus haberes y en sus quereres, se impone nuestro código de ética tan manoseado por todos y tan defendido por pocos.
El periodista está sustentado en su propia credibilidad y en la verdad de sus relatos, que dados los diferentes puntos de vista de los observadores que sabemos existen, en esa ramificación casi arbórea de las causas y consecuencias de los hechos, debe extremar sus capacidades para resolver, desde el periodismo hoy celebrado en el ámbito nacional, los entuertos que la inercia comunicacional ha generado.
Feliz día a todas y a todos y comencemos la mañana, abriendo muchas ventanas para vencer al oprobio, la desfachatez y, sobre todo, para destruir a la mentira.
