Calle Carabobo Al Día: Un año de compromiso con las Artes, la Cultura y el Patrimonio

Cultura Editorial

Hace un año, horas menos, horas más, nos sentamos en la primera mesa que el acalorado visitante se encuentra, al entrar a la memorable Palmarejo.

Erica, Rafael y yo, veíamos con entusiasmo y lo pregonábamos al viento (realmente el pregón era entre nosotros tres), los buenos momentos que intuíamos para la calle, vena crucial y cultural de la Maracaibo de nuestros amores.

Erica inoculó el gusanillo del reporterismo e iniciamos la construcción del proyecto, concebido para el disfrute, promoción y difusión de todo aquello que nos hiciera vibrar el alma, por causa inequívoca de los artistas y sus obras.

Era necesario que el nuevo periodismo, hiciera arraigo con la fenomenología influenciadora de las redes sociales y a falta de papel, Calle Carabobo Al Día, nació en forma digital.

A esas alturas, los nombres comenzaron a barajarse: Nelson Sánchez, con su lente andante, se incorporó a la propuesta editorial; Milagros Sánchez, de amplísima experiencia en el mundo del diseño en medios impresos, se convertiría en la compañera ideal para el propósito; Erica quien nos da cobijo como si fuera una especie de casa matriz en la sempiterna Palmarejo, está siempre dando en el clavo con la crítica acertada.

Arsenio Sánchez, periodista, publicista y diseñador gráfico de los grandes de la Ciudad de Udón también se incorporó y luego lo haría Carlos Guerrero, quien le aportó sindéresis telemática a los sueños que revolotearon, con lúdica anarquía, en aquellos primeros días.

Calle Carabobo Al Día hizo raíz y prendida en creatividad, comenzó invitando a los artistas plásticos, fotógrafos, escritores, periodistas y soñadores, para que asumieran las líneas del inusual medio como propias.

En Calle Carabobo Al Día siempre habrá noticias, aunque las únicas con derecho a abrir páginas son y serán, las notas culturales, máxima razón social del único portal del medio y guía del acontecer artístico de Maracaibo, por ahora.

Ya ha transcurrido un año -horas menos, horas más-, de esa providencial tasa de café ofrecida por nuestra Eriquita y a la luz de los hechos, sabemos que bien valieron la pena los sacrificios y los esfuerzos iniciales, que le dan curso al río hermoso que las artes con sus músicos, sus retretas, sus gaitas, sus guarachas, su blues, su jazz, sus colores de ensueño en las tardes de muestras pictóricas, en las tardes de muñecas de trapo, celebrando la aparición del medio que las confecciona, igual, con hilos letrados de mucho amor.

Todo va de la mano con la calle que nos vio nacer: La Carabobo, centro neural del mundo cultural zuliano, que también tiene sus propios retos patrimoniales.

La piqueta que destrozó a El Saladillo pareciera no haberse eclipsado, pese a que los hijos de la ciudad cultural persisten e insisten en sus colores caribeños y andaluces, que le han dado inspiración y sustento ectoplasmático, a las acciones que se mueven en forma de pelotas, niños, instrumentos, pinceles y saberes.

En consecuencia, responsablemente habremos de combatir todo asomo piquetero que intervenga por acción u omisión, el discurrir de nuestra ruta cultural.

Las familias, empresarios y los grupos que coexistimos en la misma, somos los responsables que deben velar por el ordenamiento patrimonial de una ciudad amada, hasta la saciedad, por el Sol.

La Calle Carabobo comienza en la avenida 9, en pleno corazón de Maracaibo y termina rosando sus labios con el Hospital Central, tan antiguo como la calle misma, allá en la avenida El Milagro.

Varios centenares de metros de puro patrimonio tachonado por el Art Decó, siempre con la característica cromática que le es común y que, por obligatoriedad y coherencia, debemos preservar.

Y allí, entra la observación necesaria, que como medio de y para la calle, tenemos que señalar.

Foto: Nelson Sánchez

Siempre he sido un capirugente: o lo que es lo mismo, un personaje con capucha de libertad e irreverencia creadora. La Casa de los Capirugente, parte fundamental de nuestra calle, más aún con la bendecida obra del Semillero Alí Primera, que tan atinadamente es dirigida desde allí, lanzando acordes de cambur pintón a los cuatro vientos maracaiberos, es también piedra fundamental de los sueños y de las artes.

Pero hoy la calle que tanto se ha amado, les hace un reclamo necesario. La bandera de Palestina va mucho más allá de una fachada pintada desde la urgencia, pues ese mismo telar blanco, negro y rojo va en nuestros corazones y en nuestras razones, preeminencia misma de la Calle Carabobo, que siempre ha sido el escenario natural por la lucha de los pueblos subyugados por imperios o por los fachos.

Flaco honor le hacemos a tan hermoso pueblo del medio oriente con el desgano “pintorreteado”, sin darle su distintivo lugar en esos espacios, configurados por el patrimonio maracaibero con sus naranjas de atardeceres, con sus amarillos de soles y con sus rojos revolucionarios.

Palestina se lo merece y la Calle Carabobo también.