
El Mar Caribe y su esplendor, brillante de humanidad, tomaron las paredes de la capital de Nueva Esparta, convirtiéndola en la principal ciudad mural de Venezuela.

Corales, carites, picúas, fraternizando con los hacedores de canciones y de la fina gastronomía margariteña, brotan desde los muros que hablan de pura contentura del color.

Hoy, las calles de La Asunción, tras la 25ª edición del Festival Internacional de Muralismo, fueron transformadas en una galería urbana a cielo abierto, artística y accesible para todos los caminantes.

Cada esquina de la capital asuntina, en su corazón patrimonial, se mueve con las insinuaciones de fachadas increibles, al simple cruce de la calle.

Las paredes, ahora, son lienzos de cal, canto, fragor y pinceladas, que por cada centímetro cuadrado, nos cuentan de la riquísima memoria colectiva del pueblo neoespartano.


Fotos: Juan Carlos Guillén
