
Los sábados se transforman en un punto de encuentro para el buen comer en la calle Carabobo, donde el profesor Álvaro Silva y su esposa Mireya combinan la pasión por la fotografía, la química culinaria y los sabores populares de nuestra tierra.
Lo que comenzó como una ampliación de la hospitalidad y el amor por la cocina se ha consolidado en Palmarejo como un referente gastronómico imperdible.

Se trata de «El Arte Sano de la Cocina», un proyecto impulsado por el fotógrafo y docente Álvaro Silva junto a su compañera de vida, Mireya, quienes cada sábado ofrecen almuerzos memorables a partir de la 1:00 p. m.
El concepto nació de la sinergia comunitaria y del intercambio de ideas con amigos cercanos como Érika, Rafael, Ramón, Michel Verdugo y Nelson Sánchez, la propuesta rinde culto a los platos tradicionales y cotidianos -heredados de la cocina familiar de abuelas y tíos, incluyendo las famosas hallacas de pescado y el emblemático pastel de chucho-, dotándolos de una sazón muy particular.

Para Silva, la cocina guarda una estrecha relación con su trayectoria en la fotografía. Ese cuidado por los elementos, los tiempos y las proporciones se traduce en platos honestos y reconfortantes.
Álvaro nos comenta: “Aquí no buscamos inventar nada extraordinario, sino rescatar esos platos populares y cotidianos que nos abrazan el corazón desde nuestros acostumbrados bollitos de puerco y mondongo hasta el tradicional pastel de chucho con ese toque químico y casero que nos distingue”.

Más que un menú de mediodía, la iniciativa busca recuperar el calor del hogar, donde las sopas tradicionales abren paso a creaciones caseras que celebran la identidad culinaria local.
La cita es todos los sábados a partir de la 1:00 p. m. en Palmarejo, calle Carabobo, para compartir un almuerzo hecho con el alma, la experiencia y la sazón del profesor Álvaro Silva y la insuperable maestra de la fotografía, Mireya Ferrer.
Por Milagros Sánchez
Fotos: Nelson Sánchez
