Por Douglas Zabala
El ecuatoriano José María Antepara, en su libro “Miranda y la usurpación sudamericana”, nos narra como el General navegó directamente a Trinidad, con el propósito de encontrar una fuerza que lo auxiliase.
Allí apareció el Almirante Cochrane, quien le brindó apoyo en barcos y hombres, ordenando así, que algunas chalupas de guerra y botes armados se uniesen a su expedición.
Desde allí, Miranda puso vela, el 24 de julio de 1806, rumbo a la costa de Venezuela con su pequeña flota, ahora compuesta de unos quince navíos que llevaban a bordo unos quinientos oficiales y hombres, todos voluntarios.
Esa mañana del 2 de agosto, su pequeño ejército logró desembarcar en un lugar llamado La Vela de Coro, pero, habiéndose retrasado el desembarco en unas treinta y seis horas por causa de un fuerte ventarrón y la ignorancia, o quizá la traición, del piloto, los agentes del gobierno español tuvieron tiempo para dar la alarma en la costa, y para preparar la defensa.
Miranda logro izar por primera vez la bandera tricolor sobre su amado país aquel 3 de agosto de 1806.
Aun habiendo fracasado en su intentona libertaria, luego regresará de Europa con Bolívar; y a principios de 1810, con su amigo Antepara izan de nuevo otra bandera.
Esta vez su nuevo estandarte será un periódico para hacerlo circular en el Nuevo Mundo.
El 15 de marzo de 1810, Francisco de Miranda, publica en Londres, el periódico “El Colombiano”.
Este órgano de prensa circuló hasta el mes de mayo del mismo año. Sus cinco ediciones fueron publicadas en el continente americano, desde Caracas hasta Buenos Aires, Trinidad, Río de Janeiro, La Habana y Veracruz.
José María Antepara figuró como editor responsable de esta otra bandera enclavada en la nueva América libertaria por el Generalísimo.
Francisco de Miranda, fue un político, humanista, militar, ideólogo, escritor y humanista que recorrió el mundo en sus afanes por la libertad.
No en balde en una oportunidad afirmó “Yo soy y seré perpetuamente acérrimo defensor de los derechos, libertades e independencia de nuestra América, cuya honrosa causa defiendo y defenderé toda mi vida”.
Andrés Bello lo definió acertadamente como “aquel proscrito formidable”, símbolo viviente de la revolución americana.
Miranda no solo fue precursor de la independencia venezolana sino también un visionario que entendió la necesidad vital de la unidad entre los pueblos latinoamericanos para alcanzar la libertad y el progreso.
Además, Miranda inspira a las nuevas generaciones y a todo el país a defender con fervor el sistema democrático venezolano.
Su ejemplo nos recuerda que la libertad no es un regalo sino una conquista constante que requiere compromiso y valentía.
Miranda vive en nosotros, no solo recordando su sacrificio personal sino también reivindicando sus ideas sobre la integración latinoamericana y la defensa irrestricta de la democracia.
Que su espíritu guíe a Venezuela hacia un futuro donde sus hijos puedan vivir con derechos plenos y en dignidad.
