Detrás de cada costura hay una historia que se teje con paciencia. Para Jorge Luis Robles Pérez, la sastrería no es solo un oficio, es la herencia de toda una vida.

Con 42 años de trayectoria, Jorge Luis recuerda sus inicios a los 18 años, cuando observaba a su padre trabajar día a día, asimilando en silencio el meticuloso arte de cortar y coser.
«Ahí fui viendo cómo se aprende poco a poco de la sastrería todos los trabajos: cómo se hacen, cómo se realizan…», relata con la precisión de quien conoce el valor del detalle.
A lo largo de más de cuatro décadas, por sus manos y sus tijeras ha pasado una infinidad de personas.

Desde abogados y figuras de la televisión hasta personalidades del gobierno y miembros del ejército; todos han confiado en su destreza para lucir impecables.
Hoy en día, el taller opera en la emblemática Calle Carabobo o como tradicionalmente le dicen “la calle de la tradición” en una hermosa e histórica casona alquilada a una familia italiana.
Más allá de la confección de trajes, el espacio se ha convertido en un epicentro de promoción cultura. Con gran generosidad, Jorge cede su sala para importantes muestras artísticas locales como la reciente exposición “Armando el mundo Reverón”.

Lejos de incomodarle, la afluencia de visitantes le llena de orgullo: “A mi me encanta que pase más gente y entre a la sastrería, ellos me preguntan qué hago, cuánto tiempo tengo trabajando… para mi es algo muy bueno”, asegura.
Este noble oficio es el que le ha permitido levantar con orgullo a sus tres hijos: una futura veterinaria que además coparte el don de la música enseñando la ejecución del cuatro, otra hija compagina el trabajo con sus estudios tecnológicos, y su hijo menor que se desenvuelve con éxito en el ámbito digital.

Hoy, su testimonio nos recuerda la importancia de esos oficios tradicionales que visten de elegancia y constancia a nuestra comunidad. ¡Un verdadero maestro del dedal y la tijera!
Por Milagros Sánchez
Fotos: Nelson Sánchez
