¡Bendición Mamá!

Cultura Editorial

Rea y Cibeles, símbolos de la fertilidad y la vida, fueron veneradas como madres devotas, devenidas del quehacer cosmogónico grecorromano; los aztecas, no honraban a las suyas, pero sí a la de su dios, quien además poseía el coqueto nombre de Maztli, más parecido al Mami, cariñoso e íntimo con que el hijo, apoda a la mujer que le dio la vida: Mamá.

Los europeos vinieron a trastocar todo y en un par de décadas, Coyolxauhqui pasó a llamarse Virgen de Guadalupe, abriendo caminos de transculturización a favor de los modos de producción de cada época y ahora en vez de honrar a la Madre, se compra el concepto de mamá.

Rosas -no puede ser cualquier flor-, deben ser llevadas acompañadas de las serenatas con mariachis a la orden del día, con uniforme blanco preferiblemente.

Por meses, ni siquiera una visita de médico se le ha prodigado, pero el segundo domingo del aciago mes de mayo, se aparecen con opíparos desayunos de todo lo que ella no puede comer y los hijos sí.

Regalos personalizados en forma de pailas y juegos de ollas para que lo estrene, ella, haciendo sopas para la multitud y por supuesto, la indispensable tarjetica no habrá de faltar.

Esta debacle comercial vino, repetimos, con nuestro Modo de Producción con sus manías dizque modernas y así, transcurridos los días de haber finalizado la guerra civil estadounidense, en 1865, la poetisa y activista Julia Ward Howe, andaba organizando misas, rifas y templetes que involucraban a las madres afectadas por la Guerra de Secesión.

Pero quien le puso la guinda a la torta fue Anna Reeves Jarvis, mujer sencilla quien quiso tanto a su progenitora, que cuando ésta murió, le envío medio centenar de cartas a su presidente, para que, de alguna manera, decretaran un Día de la Madre de ella, por todas las madres del mundo civilizado.

En 1914, ladillado de tanta esquela pro mater, el presidente Woodrow Wilson proclamó oficialmente el segundo domingo de mayo como Día de la Madre en EE.UU., coincidiendo con el aniversario del fallecimiento de la mamá de Ann Jarvis.

Wilson casi se vuela las tapas de los sesos de indignación, cuando la misma Ann Jarvis, a un año del maternal decreto, inundaba de cartas su oficina en el salón oval, pidiéndole por favor, que derogara todo lo anterior, porque el mundo civilizado, había manchado con su cochino dinero, el Día de la Madre, ergo el día de su mama.

Wilson ni bolas le paró y Rea y Cibeles se pavonean hoy con los estropicios de los mortales, invadiendo centros comerciales para demostrar devoción mediante baratijas, cuando lo único que ellas necesitan de nosotros, son estas dos venezolanísimas palabras de amor universal: Bendición Mamá.