La voz de Chimiro: La trinchera rebelde que no se negocia

Cultura Destacado

Por Voces rebeldes del Movimiento Nacional del Cuento y la Tradición Oral

EL TOCUYO, LARA – Que se entienda bien: la palabra no es un adorno para salas pomposas ni un trofeo para quienes hoy pretenden secuestrar la identidad popular.

Mientras algunos buscan hoy arroparse con banderas que nunca levantaron, desde el Movimiento Nacional del Cuento y la Tradición Oral reivindicamos nuestra génesis.

Todo comenzó en 2009, en medio de la efervescencia cultural. Cuando el oportunismo político dejó a los artistas internacionales de “Habladurías” a la intemperie en Sanare, surgió la necesidad de trasladar el festival a El Tocuyo.

El alcalde de turno, de la noche a la mañana, quitó el presupuesto asignado, dejando a los artistas de la narración oral —que venían de Brasil, Colombia y Bolivia— en el aire.

La camarada Rosario Arévalo, utilizando el arte más antiguo (la palabra), se comunicó con el municipio vecino, Morán, para pedir apoyo. Ahí nació la chispa: de inmediato la ayuda fue prestada gracias al exalcalde Fidel Palma y a un equipo de la Zona Educativa de Morán de aquel entonces. Es así como se traslada el festival “Habladurías” a El Tocuyo, Morán.

Siendo un éxito total, la maestra de los cuentos Graciela Anzola (Lara) y el subkuentero Elías González (Lara) accionaron desde la militancia, apoyando incondicionalmente el evento con su participación activa.

Al pasar solo dos meses, Elías me contactó junto con Graciela Anzola y plantearon continuar en El Tocuyo con un festival. Después de varias propuestas, decidimos realizar, no un festival, sino el primer Encuentro de Narración Oral Popular «La voz de Chimiro», en homenaje a nuestro Argimiro Gabaldón.

Con el apoyo, nuevamente, del exalcalde Fidel, la Zona Educativa de Morán y el ministro de Cultura, Iturriza, nos adentramos en la comunidad. Mientras los demás eventos en el país se realizaban en teatros y salas pomposas, nosotros nos fuimos a las plazas, veredas, escuelas, liceos y comunas.

Porque la revolución, señores, se hace en el barro, no en las alfombras. Los invitados internacionales de este primer encuentro fueron Argentina, Brasil, España, Bolivia, México, Colombia y Chile, junto a una creciente red de cuenteros de Venezuela que se sumaron a la oralitura popular.

Es entonces, en 2010, en el marco del II Encuentro de Narración Oral Popular «La voz de Chimiro» —específicamente en el fundo Carmelo Mendoza (Humocaro Bajo, Lara)—, que Luis Cedeño (Carabobo) y el maestro Germán Ramos (Yaracuy) proponen una juntadera de todos los cuenteros populares en una organización.

Allí, bajo la luna llena, la magia del agave, los cuentos y las canciones, la verdadera red se consolidó. Los que apoyamos la idea fuimos: Luis Cedeño (Carabobo), Germán Ramos (Yaracuy) con el Teatro del Sol, Romer Urdaneta (Maracaibo) y su grupo Mambrú, Alexis Mujica (Lara) y sus Niños Creadores, Félix Cordero (Lara) con Giraluna, David Lara (Lara), Ángela Almeida (Lara), Rafael Pineda (Carabobo), Jorge Arellano (Lara), Víctor Echeverría (Lara), Graciela Anzola (Lara), el Subkuentero Elías González (Lara), Rosario Arévalo (Lara), Orlando Padilla (Lara) del grupo Mestizos e Ilse Escobar (Lara).

De ahí nació el MOVIMIENTO NACIONAL DEL CUENTO Y LA TRADICIÓN ORAL.De allí que el movimiento asuma el compromiso militante a través de la palabra popular como instrumento para liberar, emancipar y descolonizar; y no como un adorno que esconde la verdad existencial, como pretenden algunos en la actualidad al secuestrar los símbolos de la imaginación popular.

Hoy, ante el intento de sectores que buscan instrumentalizar a nuestro «Cuentero Caimán» para sus pretensiones vacías, nuestra postura es inamovible: la palabra popular de nuestro pueblo y los cuentos son políticos, y no permitiremos que usurpen el trabajo de quienes llevamos años en la calle.

No nos hemos alzado solo por tradición, sino por convicción

Desde «La voz de Chimiro» no tememos alzar la voz por la revolución, ya que creemos —desde nuestro actual alcalde hasta el último maestro de escuela y cada líder de la comunidad que visitamos desde 2009— que la palabra es liberadora y nació en contraposición a lo que cierto sector pretende en la actualidad.Sin embargo, la historia de nuestra lucha no está exenta de la traición.

El movimiento fue siendo infiltrado por académicos de corte eurocéntrico y elementos antirrevolucionarios que, agazapados bajo la máscara del interés intelectual, necesitaban beber de nuestra fuente popular para nutrir sus carreras.

Nos fueron vaciando desde adentro, llevando todo lo aprendido en nuestros encuentros hacia sus propios beneficios personales. Utilizaron nuestros mensajes, se apropiaron de nuestros maestros y, con una astucia indigna, se dedicaron a inventar un movimiento apolítico y edulcorado, despojado de toda mística, pues les resultaba incómoda —y hasta peligrosa— nuestra verdadera militancia política y social.

Como bien advierte la sabiduría popular: «La cultura popular tiene amigos a montones, pero en ella se colean los zorros y camaleones. Ay laray laray lai, ay laray laray lai».

Hoy, de manera harto sospechosa, tras los acontecimientos que marcaron nuestra patria aquel 3 de enero, estos mismos personajes aparecen posando con sus propuestas en los pasillos de los ministerios, buscando legitimidad donde nunca aportaron trabajo de base.

Pero eso es otro cuento, una trama de conveniencias y falsas banderas que aún debe esperar para ser narrada en su totalidad. Por ahora, les dejamos la advertencia: no se pierdan el próximo artículo de esta red, porque aquí la memoria no se negocia.

Decimos como lo dejó plasmado el comandante Carache o Chimiro: “Yo hablo, hablo siempre para que mis palabras hablen por mí después que muera”.

“Somos la alegría y la vida en tremenda lucha contra la tristeza y la muerte”.

Somos el pueblo popular con sus cuentos.

¡Que viva la memoria rebelde! ¡Viva Chávez, carajo!

¡Que viva Maduro!

¡Que viva la Revolución Bolivariana!

Patria o muerte. ¡Viviremos!